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Lechuga romana

Época de siembra: Todo el año
Profundidad de siembra: 0,5 cm
Marco de cultivo: 20-30 x 40-50 cm
Observaciones: Siembra directa y clareo o en semillero y trasplante
Recolección: A los 70 – 90 días
Exposición solar: Crece bien en casi todas las ubicaciones
Riego: Frecuente y regular

En casi todos los huertos de zonas climáticas bien distintas podemos cultivar una gran variedad de lechugas durante todo el año, aunque en las zonas frías tengamos que protegerlas con túneles de plástico o mini invernaderos y en las zonas calurosas a partir de marzo limitarnos a sembrar o trasplantar sólo las variedades resistentes al espigado como las maravillas de verano.

Existen infinidad de variedades de lechugas con tamaños, texturas, sabores y colores bien variados, que podemos cultivar por separado o asociadas, a fin de escalonar mejor las cosechas y tener una mayor variedad de gustos y colores en las ensaladas. Las más populares son las lechugas romanas (imagen), grandes y de hojas alargadas (también llamadas de oreja de burro) seguidas de las maravillas de verano (que de hecho crecen bien en todas las estaciones), y a cierta distancia: las batavía, iceberg, hojas de roble, lollo rosso…

Tierra y emplazamiento: las lechugas se desarrollan bien en tierras fértiles ricas en humus y que retienen bien la humedad. En verano quizás convenga buscarles zonas semisombreadas para evitar el espigado. Como suelen tener un desarrollo rápido, podemos realizar cultivos asociados con plantas de desarrollo más lento como tomateras, pimientos, berenjenas o coles. Cuando las tomateras o las coles alcanzan un gran porte y empiezan a ocupar todo el espacio ya habremos cosechado las lechugas (o estaremos a punto de hacerlo).

Abonado: las lechugas son medianamente exigentes en nutrientes. Si el cultivo precedente tuvo un buen aporte de materia orgánica, podemos conseguir un buen desarrollo plantándolas sin añadir más compost. En los inicios de huertos y en tierras pobres podemos añadir unos 2 o 3 kg por m2 de compost maduro o lombricompost.

Siembra y trasplante: podemos realizar siembras en tierra al aire libre casi todo el año, de marzo a septiembre, y el resto de meses en semilleros, protegiéndolos en épocas frías. Cuando las plantitas tienen unos 6-8 cm las podemos repicar a botes reciclados o macetitas y trasplantar a plena tierra una vez haya enraizado bien y alcancen los 10 cm. La distancia de plantación será de unos 20 a 30 cm entre lechugas y unos 40 a 50 cm entre líneas, según la variedad y el sistema de cultivo.

Es importante planificar bien las siembras y los trasplantes. Si deseamos cosechar regularmente lechugas para consumo diario, conviene realizar siembras escalonadas y trasplantes regulares a ser posible de distintas variedades -unas 20 o 30 lechugas diversas cada mes como mínimo- a fin de ir escalonando las cosechas y disponer cada día de alguna lechuga para las sanas ensaladas.

Labores y mantenimiento: si cultivamos las lechugas en bancales o bandas, con abundante compost sobre la tierra y cobertura de paja, y con riego por goteo, su cultivo no requerirá más actuación que la vigilancia del riego y el control de pulgones en épocas críticas. Sí las cultivamos en surcos y a tierra desnuda, tendremos que estar continuamente pendientes del desherbado (binas, escardas), y necesitarán más riegos y más copiosos, debido a la mayor deshidratación de la tierra.

Posibles problemas: si abusamos del compost fresco y de abonos nitrogenados, podemos tener problemas con los pulgones. El exceso de riego y la humedad propiciará podredumbres y el ataque de babosas. La falta de riego y el estrés hídrico provocará que las lechugas se desarrollen pobremente, con hojas amarillentas, fibrosas, muy amargas y con tendencia al espigado.

Las variedades de cogollo cerrado como las iceberg, trocadero o maravilla de verano, no precisan técnicas de blanqueo, mientras que las de hoja de burro o romanas, pueden precisar un atado con esparto o goma elástica para hacer más tierno el núcleo de hojas internas (aunque siempre resultan más saludables las hojas verdes ricas en clorofila).

Cosecha: lo más habitual es cortar la lechuga entera cuando alcanza su máximo desarrollo y antes de que espigue y monte a flor. Pero cuando disponemos de pocas lechugas también podemos hacer cosechas sólo de hojas como en el cultivo de acelgas. Cuando la lechuga está a medio formar (aproximadamente a 15 cm de diámetro) podemos empezar a cosechar alguna hoja externa de cada lechuga y proveernos de un plato de ensalada diaria. Este sistema de aprovechamiento permite alargar durante más de un mes el tiempo de cosecha, al tiempo que consumimos las hojas más ricas en clorofila, nutritivas y mineralizantes.