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Tomates

Época de siembra: Enero-marzo y mayo-junio.
Profundidad de siembra: 0,5 a 1 cm.
Marco de cultivo: 40-50 x 60-70 cm.
Observaciones: Semillero protegido, repicado y trasplante.
Recolección: A los 4 – 5 meses
Exposición solar: Pleno sol. Le gusta el calor
Riego: Frecuente, regular.

Son los reyes de los frutos hortícolas del verano, raro es el huerto que no cultive una o varias clases de tomates. Lo cierto es que son innumerables las variedades de tomates que podemos llegar a cultivar y las nuevas que cada año salen al mercado. A esto hay que sumar las variaciones locales fruto de la hibridación por cruzamiento de los pólenes. Conviene ir probando distintas variedades para seleccionar las mejores en cuanto a sabor y propiedades culinarias, pero sobre todo eligiendo para su cultivo en el huerto, las que mejor se adapten a las condiciones de tierra y clima, sean más resistentes a plagas, a parásitos, al calor o a la humedad ambiental (propiciadora de mildiu).

Tierra y abonado: las tomateras, aunque no lo parezcan, son plantas rústicas y vigorosas que se adaptan a todas las tierras y condicionantes ambientales, pero al tratarse de plantas muy voraces en nutrientes, les conviene más las tierras mullidas, francas, ricas en humus y bien abonadas.

Si disponemos de la posibilidad de riego localizado con mangueras de goteo, lo ideal es que cultivemos los tomates en bancales y que, tras el trasplante, depositemos el compost sobre toda la superficie del bancal (4 a 6 kg por m2) y si disponemos de consuelda en el huerto, depositemos sobre el compost una buena capa de hojas de consuelda porque al ser ricas en potasio ayudarán a la formación de los tomates. Lo ideal es realizar el cultivo de tomates en las parcelas o bancales en que sembremos abonos verdes en otoño-invierno y lo trituramos 1 o 2 meses antes del trasplante de las tomateras.

Siembra y trasplante: las siembras de tomateras suelen ser delicadas cuando se quieren cultivar variedades precoces, ya que realizamos la siembra en pleno invierno (de enero a mediados de marzo) y se trata de unas plantas amantes del sol que no toleran las heladas, por eso habrá que sembrarlas en semilleros protegidos (de cama caliente o con calefacción en zonas frías), para su posterior repicado en macetitas, cuando las plantitas de tomate alcancen unos 15 cm o hayan desarrollado unas 4 hojas. Conviene que las tomateras repicadas en macetas pasen de 2 a 3 semanas al aire libre (con protección nocturna) esperando a que enraícen y se endurezcan antes de trasplantarlas en plena tierra. Si nuestro huerto es pequeño podemos simplificar haciendo un semillero sencillo con un recipiente reciclado que pondremos en un lugar soleado y cálido de la casa.

Una vez que hayan enraizado y la climatología sea favorable, podemos trasplantarlas al aire libre. Como todavía será época fría, les pondremos como protección garrafas de plástico o tejas en forma de cortavientos para las zonas ventosas. Podemos pre-ver que en nuestro huerto ya no hay riesgo de helada cuando veamos que florece el espino albar.

El marco de plantación es de 40-50 cm entre matas y 60-70 cm entre líneas.

En el trasplante conviene enterrar los tallos de las tomateras hasta las primeras hojas. Si son muy altos, los doblaremos curvándolos y cubriéndolos de tierra, esto aumentará las posibilidades de desarrollo de las tomateras.
Tras el trasplante regaremos copiosamente a fin de favorecer un buen enraizado en la tierra.

Labores y mantenimiento: después del trasplante, cubriremos el compost y las hojas de consuelda con un acolchado de paja de 5 a 7 cm de espesor. Dicha técnica de cultivo nos ahorrará sucesivas escardas así como los aporques de tierra junto a los tallos, al tiempo que favorecerá las condiciones ideales de humedad y vida bacteriana, generadores del abastecimiento de nutrientes para el buen desarrollo de las tomateras y su abundante fructificación.
Aunque existen variedades de tomate que se cultivan a ras de tierra, la mayoría prefieren un buen en- tutorado con cañas o ramas de poda de 2 a 3 m.

Conforme vayan creciendo las tomateras, iremos cortando los brotes laterales, dejando el brote principal y sus racimos de flores, y los iremos atando al tutor con esparto o tiras de tela de algodón.

Los brotes de tomatera cortados que tengan más de 6 a 8 cm pueden repicarse como esquejes enterrando la mitad inferior en macetas con sustrato húmedo y cuando enraícen, trasplantarlas a la zona de cultivo. En verano podemos plantar directamente los brotes en plena tierra. Si los regamos regularmente enraízan con suma facilidad y dan pie a nuevas matas de tomateras.

A partir de que las tomateras han desarrollado su tercer ramillete de flores, podemos ir podando también las hojas más viejas de la parte inferior de la mata. Esta labor aportará luz y facilitará la maduración de los tomates, y evitará ataques de araña roja, oídios y otras enfermedades.

Las tomateras son muy sensibles al mildiu (sobre todo en épocas lluviosas y en zonas húmedas), por lo que convienen tratamientos preventivos con extractos de cola de caballo. Si aparecieran las características manchas grises del mildiu aplicaríamos yogurt o suero de leche diluido en agua (1/2 litro x 10 litros de agua). En cultivo ecológico, salvo que mezclemos estiércol o compost fresco con la tierra a nivel de las raíces, son raros los ataques de pulgón. Sí que suelen verse algunos pulgones de tanto en tanto, pero no son problema y son fáciles de controlar con tratamientos de jabón potásico o ajo. Si queremos ahuyentarlos es buena práctica plantar matas de albahaca entre las tomateras.

Para controlar la polilla del tomate (Tuta absoluta) es recomendable el uso de captura masiva, mediante trampas de agua, para reducir la población de la plaga. Estas trampas consisten en una bandeja de agua situada en el suelo o a poca altura, bien niveladas, con una película de aceite y usando feromona como atrayente. Es fundamental mantenerlas operativas durante todo el ciclo de cultivo del tomate, controlando el nivel de agua, la película de aceite y los emisores de feromona, y retirando periódicamente las polillas atrapadas. Las trampas se colocarán bien repartidas en la parcela, para tener una distribución uniforme de feromona. La densidad recomendada es:

  • Cultivo bajo plástico: entre 20-40 trampas agua/ha.
  • Cultivo en exterior: entre 40-60 trampas/ha.

Otra medida de control es desde el trasplante y mientras el nivel de daño sea bajo, se eliminarán manualmente las hojas con galerías, introduciéndolas en bolsas de plástico para destruirlas de forma segura. Es también fundamental retirar y eliminar tanto frutos como tallos afectados, ya que en estas partes de la planta es imposible acceder a las larvas con tratamientos químicos.

En las zonas frías, a partir de septiembre podemos podar los extremos de los brotes centrales, para que terminen de engrosar y madurar los tomates ya formados.

Si queremos guardar semillas de los tomates que más nos gustan o que mejor se dan en nuestro huerto, evitaremos que se hibriden cultivando alguna mata de tomates alejada del resto o separando lo más posible las diferentes variedades.